6/11/13

Testimonio de roberto orellana


Un cantante, músico  y compositor “Todoterreno”.

Roberto Orellana, compositor y cantante de origen chileno quien han grabado los discos: “Vientos del sur”, “Entre mar y cordillera”, “Tierra del fuego”, “Mi nuevo amor”, “Esperando en ti” y “Tengo fe” entre otros. Con más de 15 años de ministerio musical. Tiene programas de ayuda alimentaria en comunidades pobres en varios países de Latinoamérica. Está casado con Waleska con quien tiene dos hijos gemelos.

Roberto,  empezó a componer en chile, en el tiempo en el que  ellos vivían bajo la dictadura militar. Para ellos era muy normal mitigar el dolor de la crisis del país a través de la música. Por esa época el  perteneció a unos cinco grupos folklóricos urbanos y fue allí que escribió sus primeras canciones, música de protesta.
Esas canciones no fueron famosas, era música de los barrios, subterránea y las cantaban los grupos folklóricos. Las cantaban los jóvenes en las escuelas, en las universidades y en los barrios. Así corrían las canciones, de músico en músico. Y no fueron grabadas profesionalmente.
Cuenta Roberto Orellana que el nació  en uno de los barrios marginales más peligrosos de la ciudad y la escuela a la que el  asistió  era una que estaba limítrofe con el barrio más discriminado. Cuenta que el vio a las hermanas de sus compañeros prostituirse, a sus padres alcoholizarse y a muchos de sus compañeros vender por las calles. Él se crio en la pobreza extrema y eso fue lo que más tarde lo llevaría  a tomar la guitarra y cantar canciones con la idea de capturar los sentimientos de tanta desgracia y de  la situación que Chile vivió por 17 años. Quizá la ayuda en los países llega a la gente que está en las capitales pero para quienes están en las provincias es más complicado. Él  vivía en una al Sur de Chile. Todo esto lo llevó a escribir canciones de protesta y enredarme con malas amistades que eso después lo llevaría a la cárcel.

Cuando Roberto  tenía 18 años fue golpeado por la policía y encerrado en un calabozo. Resulta que él era amigo de comunistas y revolucionarios. El asunto es que en medio del movimiento de protesta la marihuana era como el Sushi que comen los ricos. Todo esto de la marihuana te lleva a enredarte con gente que no contribuye a nada en tu vida; sin embargo, hacerlo era como sentirte parte de algo. Para él era formar parte del movimiento revolucionario era sentirse algo porque en el país no había oportunidad de sentirte nada. Se acuerda estar encerrado en el calabozo tres días y eso es una cosa que yo no le recomienda a nadie. Que te quedes encerrado en el ascensor de un hotel o un edificio puede ser desagradable, pero imagínate estar tres días en un calabozo.
Un calabozo, para quienes no saben, no es una celda, las celdas tienen rejas, cama y hasta un baño. Un calabozo es un cuarto de cemento, con una puerta de hierro y donde te encierran. Tres días allí es para volverse loco. Allí el gritaba de desesperación, ya no aguantaba la oscuridad ni la incertidumbre de saber qué pasaría. Mientras gritaba se abrió el calabozo y entró un policía que lo golpeó contra la pared y le dijo que ya no gritara, que se callara. Eso fue como la gota que colmó el vaso. Él tenía 18 años y su vida era un desastre al punto que ya había decidido que cuando saliera de ese lugar  haría las cosas más malas que algún hombre había pensado hacer. él ya había tomado esas decisiones porque la prisión había cicatrizado su vida y causado mucho rencor.
Él no sabía que mientras estaba encerrado su padre y la iglesia donde él asistía estaban orando por él. Así fue como la misericordia del Señor lo alcanzó. La oración de un padre puede mucho. Entonces, después de aquella paliza el callo de rodillas en el calabozo, empezó a llorar y supo que el Señor lo estaba llamando. Sintió el toque del Señor. Cerró sus ojos y sintió que el calabozo se iluminó completamente. ¡Era un contraste extrañísimo! Todo estaba oscuro y él estaba solo, pero sentí que había alguien allí visitándome. Cuando el cerro los ojos el sintió  muchas luces blancas metidas dentro de él, el comento: “¡Qué extraño! ¡Esto es sobrenatural!” le paso como cuando Pablo cayó en tierra mientras perseguía a los cristianos y quedó ciego. A él le paso algo similar. Con sus ojos cerrados el veía una gran luz por dentro. Así fue como el Señor lo llamó dentro del calabozo.

Después del calabozo lo llevaron a una cárcel de la ciudad, que por cierto… ¡Era la cárcel más asquerosa! Había otra mejor pero lo llevaron a esa. Como él tenía 18 años no le correspondía una cárcel juvenil sino el mundo de la gente adulta, donde habían personas con cicatrices en sus caras y condenadas de por vida. Algunos de los que estaban allí hasta habían sido compañeros de el  del barrio. El primer día que llego Roberto se encontró con un pastor en su misma celda. El le pregunto quién era y qué hacía, y él le empezó a platicar que se había convertido en la cárcel, que Dios lo había llamado y ahora era un misionero en ese lugar. Él fue su compañero de celda y me invitó a la iglesia de la prisión. Cuando comenzó a participar de los servicios noto que había una guitarra enganchada en la pared que nadie tocaba. Como el tocaba guitarra comenzó a cantar. Así comenzó todo a lo que hoy es su ministerio.

El cantaba una canción que dice: “Quiero cantar una linda canción a aquel que mi vida cambió, quiero cantar una linda canción a aquel que mi vida cambió”. Tenía el sonido de la música de protesta pero ahora con sentir cristiano. A penas estuvo unos meses en la cárcel y cuando salí sentí el llamado a cantar. A veces el pastor de la iglesia donde se congregaba me pedía cantar algún canto especial y hasta lo llevaba con él a contar su testimonio. Todo lugar donde yo él iba cantaba, relataba su testimonio y la gente se convertía al Señor. Así ha sido su vida desde entonces, él cuenta su testimonio y canto. El resultado es que muchos se convierten.

 La primera canción que el escribió se llama “Libertad”  la escribió en Argentina, allá por el 87 u 88, donde grabo su primer disco. Resulta que el perteneció a un grupo evangelístico con quienes iba a cantar a los trenes subterráneos del gran Buenos Aires. Cuando la gente salía del subterráneo hacia arriba lo encontraban cantando en la plaza. una vez una señora, iba a suicidarse y le dijo: “Vine a quitarme la vida por un problema que tengo, vine a tirarme al tren, pero te escuché cantar”. Ella fue de las primeras personas que se convirtieron cuando el cantaba en los trenes subterráneos. El hacía eso todos los domingos, montaba un equipo de sonido y hasta había gente que lo grababa. Le decían: “Hermano, espere, no comience que lo vamos a grabar”. Sacaban sus caseteritas y lo grababan. El asunto es que cuando la gente lo oía se acercaban y el aprovechaba y  les predicaba.

Una vez mientras el cantaba vio que ella se acercó pero le llamó la atención que alguien la jaló por la espalda. Fue como que si la agarraran del pelo y salió caminando hacia atrás, ¡pero no había nadie! Eran los mismos demonios que habían planificado su muerte que la tiraron al piso. Cuando vio eso se acercó, oro por ella y comenzó a llorar. Él le pregunto: “¿Qué te pasó? Te vi caminando de espaldas”. “Me iba a matar…” le dijo, “Vine a tirarme al tren y te oí cantar, pero no sé quién me tiró al piso”. Oro por ella y se convirtió. Este y otros eran los testimonios que él iba tejiendo domingo tras domingo cuando el predicaba.

Hay una canción que siempre la gente le pide, se llama: “Árbol sin raíces”. Esa canción la escribió arriba de un árbol cuando él pensaba regresarse de Argentina a Chile. Resulta que salió de Chile por causa de la dictadura militar y me fue exiliado hacia Argentina. El asunto es que Argentina estaba en una depresión económica como la que ha estado atravesando EE.UU. Todos cerraban sus negocios, nadie quería vender y en aquel momento la moneda (el Austral) estaba devaluándose. Había una necesidad tremenda en el país y  a él no le iba tan bien. Un día se sentó sobre un árbol a pensar sobre qué hacer y dijo: “Me voy a regresar”. Era un árbol caído, que estaba tirado en el piso. Mientras estaba sentado veía unas hormigas caminando y comenzó a tararear algo Lalalalalalala…”, algo medio nostálgico. se levantó, fue al apartamento que alquilaba y escribió esa canción que se llama “Árbol sin raíces” . Es una canción que le piden, fue de las primeras canciones cristianas que escribió.
Otra canción es “Mi vida está llena de ti”, que la escribió con Milton Valle. Cuando su hijo se enfermó, Milton, que pasaba por Miami, fue a su casa y comenzó a cantar: “Mi vida está llena de ti, mi vida está llena de ti…”

El es muy folclórico. su hijo Roberto toca conga y percusiones.

¡Ser papá! Ser papá y tener una esposa extraordinaria es algo que le encanta. Llegar a casa, que los hijos salgan corriendo y  digan: “Te amo”. Eso lo hace sentir aterrizado. Le hace sentir un siervo de Dios, pero más que ser un ministro de música y misionero, ser padre y ser esposo lo llena y lo hace sentir completo.

Imagina que tú te caes, te sumerges en el barro y no puedes salir. De repente aparece un amigo que te extiende su mano, te saca de allí, te ayuda a limpiarte y te da ropa nueva y limpia. Mira, ese amigo se llama Jesús. Tú estás muy contento con él. Pero llega un día en el que tú le dices: “Mira Jesús, yo sé lo que hiciste por mí pero yo ya no quiero hablar mucho de ti, no quiero que me asocien contigo”. ¡Eso es ser un malagradecido! Yo creo que el pecado en el que están incurriendo muchos músicos es que por comercializarse se están avergonzando de Jesús. Con tal de que los oigan más están negando el nombre de Jesús. No estamos teniendo músicos radicales, están surgiendo músicos artísticos que están negando la fe de Cristo. Pero lo que el hombre siembra cosecha. No podemos avergonzarnos de un amigo tan extraordinario como Jesucristo. Necesitamos que él esté presente en cada letra, en cada canción. Necesitamos músicos radicales. Pues si el mundo está sumergido en el barro solo Cristo los puede salvar. Pero nosotros queremos salvar al mundo sin Cristo, sin su nombre. El nombre de Cristo es lo que nos distingue como Iglesia, en su nombre tenemos lo que tenemos. Entonces, ¿por qué negarlo? ¿Por qué ya somos famosos y tenemos un nombre? Necesitamos gente con compromiso, con compromiso de pronunciar el nombre de Jesús. Creo que tenemos gente mal agradecida, que después de ser nada de repente grabaron un disco y se hicieron famosos, pero con sus canciones están diciendo: “¿Sabes qué Cristo? ¡Ya no te necesito!” Eso es ser un mal amigo. Jesús no se merece tal falta de respeto. Creo que tenemos que confesar a Jesús con autoridad porque él es el nombre más extraordinario sobre la Tierra.


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