25/6/12

Hay palabras que duelen


Hay veces la palabra de Dios viene a incomodarnos y a fastidiarnos, sobre todo cuando somos confrontados en algún área en particular. Sentimos que algo dentro de nosotros se resiste y empezamos a experimentar los cortes de esa “espada de dos filos” (Hebreos 4:12). Cuando eso sucede, es por que esa espada está cortando una parte de nosotros que se llama “carne”. Por eso duele.

Las palabras que Dios nos habla, no siempre son promesas, pues estas también vienen para corregirnos y enderezarnos. Y ese tipo de palabra es la que nos incomoda y nos causa cierto fastidio. Sencillamente por que “corta” ciertas áreas de nuestro caracter. Cuando eso pasa, podemos estar seguros que Dios está limpiando su rama, para que lleve más fruto (Juan 15), o está moldeando el barro para hacer su vasija (Jeremías 18) o está purificando su templo para que sea casa de oración (Mateo 21). Y ninguna de estas actividades son motivo de regocijo. Al contrario, son tediosas, dolorosas y lentas. Pero necesarias, transformadoras y fructíferas. Sea como fuere al final producen vida.

Una de las cosas que nos ayudan a crecer en nuestro caracter, es la manera como reaccionamos a la confrontación, la instrucción y la enseñanza. Silencio, paciencia, mansedumbre y templanza es lo que se requiere. Cuando eso pasa, tenemos que entender que el viñador está trabajando, o el alfarero está en su taller, o el dueño de la casa está tirando las mesas. No lo interrumpan. No le digan nada. El sabe lo que esta haciendo.



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